La lentitud

langzaamheid

La evolución opera sobre el principio de la supervivencia del más apto, no del más rápido, como un buen vino, hay algunas cosas que no deben ser aceleradas, necesitan tiempo, necesitan hacerse lentamente.

Hace un par de días vi una película con Rousel Crowe, película que no tuvo mucho éxito, bajo el nombre de ‘Un buen año’, desarrolla la historia de un comerciante de inversión exitoso, que en su infancia vivió con una tío en un viñedo en Provence, en el sureste de Francia. Allí aprende a apreciar las buenas cosas que tiene la vida, rodeado de naturaleza y tranquilidad. Su tío muere y después de años de ausencia regresa a Provence con la idea de vender el viñedo. Cuando regresa a Londres después de una semana, su jefe le da un ultimátum, ser socio de la empresa para siempre, o elegir vivir. Los recuerdos y una mujer de su infancia son más fuertes que el dinero y el éxito, decide tomar una vida fácil en Provence.

Cuando estamos en un apuro, simplemente tocamos la superficie, no establecemos un vínculo verdadero con el mundo, con las personas o las cosas que estamos haciendo, la vida se vuelve superficial, porque todas las cosas que nos unifican y hacen de nuestro vivir valorable – vivir con la comunidad, la familia, las amistades, nos quitan la única cosa que no tenemos en abundancia, el tiempo.

Nuestros niños son las víctimas de esta orgía de aceleración. Crecen más rápido que nadie, una gran cantidad de niños están muy ocupados con sus padres, tienen unas agendas muy ajustadas, con clases particulares después del horario escolar, piano, fútbol, idiomas, etc. Vivir como adultos, les deja poco tiempo para disfrutar de la niñez: ir con amigos, jugar sin la supervisión de los padres, soñar despiertos …

En esta época llena de medios de comunicación, rico en datos, en la que el zapping, y los juegos electrónicos están en todas partes, hemos perdido el arte de no hacer nada, cerrar las puertas al ruido y a las distracciones, retardando los pasos, manteniéndonos solos con nuestros pensamientos .

Rápido es igual a un trabajo a tiempo completo, controlador, agresivo, apresurado, analítico, estresado, superficial, impaciente y activo; la cantidad prima sobre la calidad, lento es todo lo contrario: sereno, atento, receptivo e intuitivo, silencioso, pausado, paciente y reflexivo, en este caso la calidad prima sobre la cantidad.

Siendo lentos significa poder controlar nuestros ritmos de vida y decidir que aceleración es más conveniente, la lentitud nos permite leer cuentos a nuestros hijos antes de dormir, a veces más de uno, sin tener un ojo en el libro y otro en el reloj.

La lentitud es necesaria para establecerse relaciones verdaderamente importantes con nuestros vecinos, nuestra cultura, nuestro trabajo, nuestra alimentación .. en una palabra, con todo.

Si queremos vivir un poco más lento, tenemos que entender en general por qué vamos tán rápido, por qué el mundo acelera el paso de las horas, la respuesta es simple, porque no podemos hacer todas las cosas que queremos hacer en un tiempo muy corto, por eso es que programamos nuestras vidas. Uno puede pensar que la programación puede hacer a cada quien desde un agricultor a un ingeniero de sistemas, más eficiente, pero inmediatamente empezamos a dividir el tiempo, el tiempo nos domina, nos convertimos en esclavos de los horarios, con fechas fijas, programamos todo y no tenemos más espacio para hacer nada.

Queremos tener una buena profesión, pero también tener clases de arte, practicar en el gimnasio, leer el periódico y todos los libros en la lista de los más vendibles, salir con amigos, comprar todos los gadgets, ir al club, escuchar música, ir al cine, tener tiempo para la familia y tener una vida sexual satisfactoria con nuestra pareja, ir de vacaciones a lugares remotos, y tal vez incluso hacer alguna actividad como voluntario.

El resultado es una corrosiva desconexión entre lo que queremos en la vida, y lo que, de una manera realista se puede tener, todo lo cual alimenta una sensación de que nunca tenemos tiempo suficiente para hacer algo.

Pero en toda actividad humana imaginable, desde el sexo, la vida familiar, el trabajo, la alimentación, la medicina, hay algún tipo de conciencia que se dirige a la creación de espacios para la lentitud, lo cual significa hacer las cosas mejor, en el urbanismo, por ejemplo, la filosofía de Slow Cities estimula a la gente a caminar más, en lugar de conducir, estimula a reunirse con los amigos y al encuentro fortuito, reclamando menos coches, más bicicletas, más parques, menos aparcamiento.

 

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