Proyecto Chakana entre La Paz y El Alto

Proyecto Chakana

Imagen del proyecto Chakana Foto: Eric Tassel

El artista francés, Eric CharlesTassel, concibió la idea de que como París tiene su Torre Eiffel, La Paz y El Alto también deberían tener un icono que identifique a todos los bolivianos. Es muy cierto que una de las tareas de la arquitectura y el urbanismo es la de proporcionar símbolos a los ciudadanos, recordando aspectos de su civilización, sus valores y aspiraciones culturales, su misticismo y filosofías, sus instituciones y la tecnología, en efecto una arquitectura como objeto cultural en la que los viejos y los nuevos habitantes se identifican.

Hoy en día la arquitectura  es como muchos otros productos un objeto visual, el edificio como producto visual es una consecuencia de la comercialización del mundo. Todo es negocio, pero también es el resultado de la rapidez del mundo, todo debe ser rápido y en el momento. Esta demanda ha hecho que la industria de la construcción contemporánea haya llegado a un extremo de extravagancia y virtuosismo en el que todo es posible, estructuras sorprendentes que en vez de darnos un sentido de novedad, aparecen con frecuencia forzados y alienantes, como es el caso del Proyecto Chakana.

Este auge de los objetos arquitectónicos se ha convertido en la alianza perfecta de la política demagógica, todas las grandes ciudades o aún los pueblos pequeños quiere tener su Gughemhein. Una arquitectura de autor, un arte exhibicionista y narcisista, en la que los museos, ministerios, puentes e incluso plazas tienen la función principal de llamar la atención, no sobre su función o para lo que fueron construidos, pero sobre todo acerca de sí mismos y por sobretodo acerca de la inventiva y el coraje de sus creadores.

Una arquitectura espectacular que piensa la ciudad como el territorio donde el espectáculo y su autor se quedarán, y será la excepción por encima de la norma; de esta manera el dinero, la política y los medios de comunicación se concentran para crear una nueva monumentalidad y encumbrar al nuevo arquitecto estrella. La mayoría de estos arquitectos que construyen edificios extraños, dicen que lo hacen porque la tecnología lo hace posible, es absurdo, porque poder hacer algo no significa que lo legitime. Como consecuencia de esto hay demasiado de todo, por encima de toda mucha información, la arquitectura está fuertemente publicitada acompañada con el culto a la personalidad del individuo que la creo, con proyectos que a menudo exudan un aire de arrogancia, egocentrismo y de indiferencia a las realidades imperantes en el lugar donde se implanto. Una arquitectura que elige ser un edificio en lugar de ser parte del lugar y con ella parte del tejido de la ciudad, un edificio emblemático que no tienen ninguna importancia para la vida cotidiana. La arquitectura de última moda choca contra la estructura urbana, porque nace del objeto y no de la tierra, es muy espectacular y se puede localizar en todas partes, no echa ni tiene raíces.

El problema de hoy en día en arquitectura no es la ausencia de la libertad, es la libertad misma. Ahora nuestros proyectos son más espectaculares que en el principio, y nadie puede decir que no haya inventiva o riqueza formal. Pero, sin embargo, el problema es precisamente esa riqueza, las infinitas variaciones que inundan el mundo de la arquitectura y de las artes, que crean una especie de ceguera. Al final uno se pregunta: ¿cómo evitamos tanta tiranía innovadora y creativa?. Nuestra incapacidad para modernizar nuestros propios conceptos acerca de lo urbano, nos han conducido a un urbanismo terrible, que aparece en todas partes, que nos rodea con su mediocridad, con su cinismo verde y con un simbolismo de la peor naturaleza.

Mi reacción en contra de la obra emblemática no tiene que ver con estar en contra de su papel tradicional de propaganda o de su función contemporánea de motor de la industria turística, pero en su incontrolable multiplicación, con la difusión de su singularidad y la baja calidad de sus resultados, debido a que la mayoría de los arquitectos no estan ni al nivel de calidad ni de excelencia de los ‘arquitectos estrella’.

Humberto Eco, en su libro “Entre la vanguardia y el kitsch” en 1964, dijo que la vanguardia nació como una reacción a la masiva obra artística de finales del siglo XIX. La vanguardia fue un lenguaje secreto para separarse del pelotón de creadores. Debido a que las artes populares son rápidas en copiar estilos que por su masividad rompen con la idea de vanguardia. Haciéndolo accesible a todo el mundo y reproduciéndolo hasta el aburrimiento, por lo que cualquier estilo pronto se convierta en un kitsch, y si uno quiere realmente ser oído debe hablar con más y más fuerza, empotrando una megaestructura, para que aparezca colgada en las laderas pobres de la ciudad de La Paz.

Para tocar el mundo, la arquitectura debe abandonar su postura narcisista, implicarse más con la vida cotidiana y entender su trabajo como resultado no de una cultura visual, sino de una cultura vital. La arquitectura tiene que volver a un orden y mesura, demasiado exceso de escenario, demasiado estilo extravagante que mezcla la ciencia ficción con los dibujos animados. Es hora de predicar el equilibrio y la simpleza en un mundo de cacofonía y espectáculo donde sólo parece ser escuchado el que grita más. Al final de esta fatiga y en frente de la multiplicación de edificios icono, hay que plantarse firme y decir:

¡NO AL ABSURDO DEL PROYECTO CHAKANA!

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One comment

  1. Jorge Valenzuela

    En una sociedad tan proclive a la fiesta, al baile, a la decoración, al exceso de brillo y profusión de color, es muy fácil convencer al colectivo de la necesidad de un símbolo como el propuesto y muy difícil hacer entender a ese mismo colectivo de la calidad e importancia de los verdaderos valores del paisaje urbano. Para empeorar, con autoridades que buscan todas las posibilidades que les permitan perpetuarse en el poder y perpetuar su imagen con su propio monumento, es muy fácil convencer de la importancia y necesidad de este exabrupto a pesar de los problemas irresueltos y las necesidades apremiantes de la ciudad. Me sumo a ese clamor de NO AL ABSURDO DEL PROYECTO CHACKANA!!!!

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